Aconcagua

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martes, 2 de noviembre de 2010

SEÑOR JUEZ (Libro: Amaneceres de Ensueños I)



 



 



Pagus Sangó describe en estos versos un aspecto desolador y patético del animal maltratado y abandonado, a merced de la providencia. La situación interfiere el paso a un Juez  y éste se detiene, y ante la mirada mansa de un  perro en estado calamitoso que estaba tras una reja, le pareció hablarle con sus ojos tristes. Compasivo pensó en aliviar el maltrato de algún modo posible. Guardó silencio como cuando atiende el alegato de un procesado sin motivos ni cargos, En ese estado observó, y el olfateo hacia su persona y los animosos movimientos del animal, interpretó  que  trasmitían sus dolientes quejas y su  absoluta inocencia. Hay seres humanos que no quieren a los animales, otros los maltratan con impiedad y crueldad, especialmente a muchos perros, que entre los domésticos abundan. El perro, compañero fiel, merece el cuidado y el cariño de un amigo porque para él el hombre, es su mejor amigo, pese a que muchos, están  lejos de esa creencia..
                                                   Fernando Gómez Chavero

                                       SEÑOR  JUEZ

Aprovecho, señor juez
Que pasa frente a mi reja
Para que escuche mi queja
Y me juzgue de una vez.

¡Qué maldad pude hacer yo
Para estar en este encierro,
Si soy simplemente un perro
Desgraciado que nació!

Por qué suerte, no lo sé,
Llegué a manos tan impías,
Me rechazan noche y día,
¿Tal vez en algo pequé?

Es un amo, al parecer,
De aquellos que comen Santos…
Duermo tirado sin manto
Meciendo mí padecer.

Por encima de la red,
Míseras sobras me acerca,
Vivo pegado a la cerca
Coqueteándole a la sed.

Tan sin nada está mi piel
Que asusta mi aspecto tieso.
La gente cuenta mis huesos
Y dice que mi amo es cruel.

Paso la noche invernal,
Tirado, afuera, en el suelo.
Para colmo, tengo el pelo
Corto, ralo y desigual.

En verano estoy al sol,
En invierno a la inclemencia.
No entiendo la penitencia
Que purgo con este rol.

Mientras el amo, en su afán,
Trae manjares a casa,
Para mí la vida pasa
Sin un pedazo de pan.

Me alegro hasta el frenesí
Verlo llegar presuroso:
Muevo la cola, de gozo,
Por si se acuerda de mí.

Pero, no consigo, al fin,
Ni una mirada siquiera.
¡Si su mirada me diera
Tendría el alma un festín!

¿Por qué puede ser así
Este humano indiferente?
Jamás le mostré los dientes
Ni una falta cometí.

De su parte, la agresión,
Es constante y no atempera.
¡Por qué Dios no hace que muera
Mi cansado corazón!

Le pregunto, Señor Juez,
Al estar en este encierro:
Si soy, simplemente, un perro,
Mi falta, grave, ¿Cual es?

Al otro día volvió
El Juez y  habló con el amo,
Y haciendo honor al reclamo
Al perro  se lo llevó

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Pagus Sangó. Libro: “Amaneceres de Ensueños” I

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