SUEÑOS DE LOS ÁNGELES Cuentos y poesías para niños
Pagus Sangó, propone llegar a la mentalidad infantil, en forma sencilla, con la mayor ductilidad posible para sea cautado por el interés que tienen los niños por los cuentos fantásticos y también por la poesía que es vehículo propicio para desarrollar el don de la lectura, a través de algo tan especial como es la literatura plasmada para ellos. Para más, dejo al autor con el prólogo de su libro y uno de sus cuentos.
Fernando Gómez Chavero
PRÓLOGO
Antes, todos lo sabemos, no existían los medios que comunican como los de ahora, que difunden masivamente, historias, dibujos y entretenimiento para niños, mediante la exhibición en cine y televisión. Lo que releva, a padres y niños, de la lectura de textos impresos. En tiempos pretéritos, lejanos, los niños ansiosos pedían a sus padres les contasen historias o cuentos. Ellos eran dueños de sus fantasías y elaboraban en sus mentes, escenarios, lugares y figuras propias para una interpretación a gusto y placer. Los niños, en siglos pasados, al menos, hasta la mitad del siglo XX, eran felices con fragmentos de cuentos de las mil y una noches, recreados en alguna medida, por el ingenio de los progenitores, que deseaban satisfacer esas necesidades y reclamos infantiles. Si hablaban de reyes, príncipes y princesas, de imperios y palacios, sobre volaba la imaginación sustanciando los argumentos que le daban vida a los personajes, para que cada uno viviera sus sensaciones a su modo y mejor parecer. Han cambiado los tiempos, es natural y nadie puede pretender volver al pasado cuando hay otra mentalidad en los grandes y los chicos, porque así lo plasma la actualidad y el avance de la humanidad, lo que es imposible detener. No obstante, hay muchos escritores en el mundo que se desviven escribiendo libros para que sean leídos por sus padres a los niños pequeños o por los que saben leer se entretengan y puedan dar rienda suelta a la imaginación. Pretendo, con SUEÑOS DE LOS ÁNGELES, involucrarme con esa pléyade de narradores y poetas que luchan porque no se pierda en los niños el interés por la lectura, que redundará siempre en beneficio de la inocencia. Es crimen de lesa humanidad robarle a los niños la niñez, con perversidades de los grandes, que por dinero y otras inconfesables tendencias, pareciera que quisieran que los niños sean adultos antes de tiempo, crezcan y se transformen y se deshumanicen en pos de logros efímeros que los lleve pronto a la destrucción. Las drogas son elementos que usan los traficantes de la muerte para acelerar esos propósitos, tal como lo hacen las industrias manipulando los productos alimenticios y las semillas, para que rindan a la brevedad mayores ganancias, aunque el consumidor perezca. Me conformo y sería un logro, que de cada un millón de niños, uno me leyera y pudiera ver en las páginas de SUEÑOS DE LOS ÁNGELES, a un abuelo simple que también lleva un niño dentro del alma. Este libro acaba de nacer con la ventaja sobre los seres que nacen, de no tener que crecer para servir, bien o mal, poco o mucho; pero no escapará a su envejecimiento y destrucción. Su vida larga o corta, fructífera o estéril estará en el tiempo que le toque vivir. Es un lapso, un espacio, una cosa, un motivo, rico o pobre, desprendido de mi ser, cual grano de arena de una roca enhiesta o de un montículo de tierra, insignificante, cambiante, destinado a desaparecer. Sus páginas son blancas palomas y cual palomas de la paz llevan mensajes escritos en sus alas, que si no hacen bien, mal no harán; serán inocuos. Nada hay tanto o más extraño en el mundo que lo desconocido y lo que dicen sus letras nada tienen de extraño al ser tan sabido lo que dicen y tan comunes sus motivos que no difieren en nada con lo que pueda sentir, ver e interpretar cualquier ser pensante. Si alguien puede concebir, crear o descubrir algo que asombre será un genio o un hacedor elegido por el Supremo, pero para el que quiere entretener a un niño, le basta con saber leer y escribir ,y, a veces, ni eso. Este libro al ser un desprendimiento, erróneo o acertado, ya no puede volver a la roca ha adherirse y confundirse en ella, ni al montículo de tierra, como vuelve a su redil. la oveja descarriada Ya es, está, tiene vida independiente, provechosa o anodina y debe cumplir con su destino. Nació con alas, es libre, volará de un lugar a otro. Se mezclará entre la gente, lo tocarán muchas manos, muchos ojos lo mirarán y no sabrán de sus necesidades que son simples, cual la luz del día y claras como el agua limpia -que lo lean y lo recuerden-. El tiempo es arena seca en las manos, se escurre por entre los dedos, casi sin sentirlo; pero así como es de efímero es de buen amigo del hombre. Se encarga de hacerle llegar los desengaños y de hacerle sentir las satisfacciones. A él encomiendo la misión, sin apuros, de averiguar, hoy, mañana y siempre, si este libro valió la pena ser escrito.
EL COLOR
Cuento
En Mendoza, allá por mil ochocientos quince, una familia inmigrante festejaba la Navidad en el patio de una casona grande, situada en calle San Nicolás que corría de norte a sur, pasando por el medio del pueblo de no pocas casas, pero si de no muchas, con la arrogancia de ser arteria principal. Una frondosa alameda adornaba sus costados, y el rumor de aguas cristalinas, acariciaba los oídos al pasar por el hondo canal Tajamar. La luz de las estrellas más brillantes se filtraba por entre medio de los altos álamos. La familia estaba reunida en amable tertulia dispuesta a agotar la noche del festejo Navideño y la celebración de tan importante día de la fe cristiana. Una niña pequeña jugueteaba en torno. Luego cesó y buscó la falda del abuelo, como lo hacia siempre para pedirle le contara un cuento.
. -Que sea largo, largo -requirió la pequeña.
-Sí. Mi amor -respondió el abuelo-, pero debes elegir una estrella de la que te hablaré.
-Hay muchas en el cielo, abuelo. ¿Cuál?
-La que más te guste, corazón.
La niña eligió la más grande y más brillante, indicándola con el dedo índice de su oscura manita, con palma blanca, cual el blanco de sus dientes y de su alma. La piel de color del abuelo, brillaba por sí sola.
-Verás mi niña -le dijo cariñoso-, esa estrella es Jesús...
--¿Ahí vive Jesús?
-No. Vive en el cielo, esa estrella es Él.
--¡Ah..., qué bonita! - y siguió escuchando al abuelo.
-Te cuento: Jesús, nació y fue niño igual que todos los niños, creció y se hizo grande. Dios, su Padre Celestial lo mandó a que viniera a la tierra a enseñarnos a obrar bien y traernos muchas cosas buenas. Entre tantas, el amor para que nos amemos, unos a los otros, y enseñanzas para que aprendamos a vivir en familia y no hacerle a otro lo que a uno no le gustaría que le hiciesen. Es decir, para que todos seamos buenos y nunca nos olvidemos de Dios.
-Y… ¿por qué se fue?
-No se ha ido, está aquí entre nosotros.
-No entiendo, abuelito. Dijiste que estaba en el cielo.
-Es verdad mi amor, pero, te explico: Jesús es el hijo de Dios y su padre le da poderes para que como Él, pueda estar en cualquier lugar del mundo al mismo tiempo. Si Jesús no estuviera entre nosotros, no lo veríamos. Sin embargo, aunque esté en el cielo, Él, nos está mirando y todos lo vemos. El problema, que entenderás cuando seas más grande, es cuestión de distancia, nada más. Te doy un ejemplo...
-¿Qué es un ejemplo, abuelo?
-Un ejemplo, es igual que una comparación...
-Y, ¿qué es una comparación?
-Ahora, amor mío, te lo digo mejor. Un ejemplo o una comparación, es si yo te digo: voy ha hacer un pan. Y me preguntas cómo será ese pan. Y yo te digo va a ser así y así, mostrándote algo que tenga forma de pan. ¿Entiendes?
-No abuelo pero no importa, ¿cómo es Jesús?
-Jesús, es muy bello. ¿Ves la estrella que elegiste? ¿Cómo es?
-Sí. Muy bella, abuelo.
-Bueno, su piel blanca...
-¿Y por qué nosotros somos negros y otros no?
-Porque “hay de todo en la viña del Señor”.
.................................................................................................................
Y el abuelo le contó, cómo y cuándo nació el Niño Jesús en un pesebre en Belén, enviado por el Padre para salvar la humanidad. Y que no se preocupara por el color oscuro de la piel de sus padres ni la de ella; inclusive, uno de los Reyes Magos también era negro, pero que, el color ante Dios no diferenciaba a los seres humanos, Él sólo mira y ve nuestras almas porque todos somos sus amados hijos y que en esa noche, Noche Buena, estaban celebrando el nacimiento del Hijo Unigénito del Creador del universo.
-¿Me expliqué mejor ahora, mi niña?
No hubo respuesta, la pequeña color chocolate de cinco años, por el cansancio y tanta palabrería se durmió placidamente en la falda del abuelo, quien advirtió, que en gran parte del tiempo estuvo hablando solo y la niña soñando con los angelitos.
Pagus Sangó . Libro: Sueño de los Ángeles