Aconcagua

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lunes, 24 de mayo de 2010

BORGES

JORGE LUIS BORGES, maestro ilustre de generaciones, académico y señor de las letras latinoamericanas, merecedor del premio Nobel de literatura, fue, es y será una figura emblemática en el mundo
PAGUS SANGÓ, lo enfoca en un tema onírico, muy distante de la realidad pero muy ceñido a la ficción. Dentro de esa concepción literaria desarrolla una buena ambientación escenográfica y un diálogo relatado sin que intervengan en primera persona los protagonistas. La situación es fugaz y expectante, transmite al final la posibilidad de cierto, sólo a través de un placentero sueño del señor Wilsson en una de sus acostumbradas siestas en el jardín.

Fernando Gómez Chavero

PAGUS SANGÓ, del libro: ASOCIADOS, cuentos y poesías.





UNA TARDE EN EL JARDÍN


Fue una sorpresa descomunal para el señor Edward Wilsson y familia; jamás imaginaron que Borges, espontáneamente los visitara. Más que alegría, los invadió en el momento, un soberano orgullo. Conocerlo en persona y estar hablando con él, era un regalo del cielo; no podían creerlo. Antes de recibirlo y de decir palabra alguna, la enervación del éxtasis los paralizó y quedaron boquiabiertos. La intensidad del asombro hizo girar, en la cabeza de todos, la instantánea conjetura de que si estarían soñando. El sentido común los socorrió con preguntas puntuales; ¿Será Borges? ¿Será un impostor? ¿Un doble? ¡Imposible!, se decían. Él también, parado en silencio, esperaba. Y se preguntó: ¿No querrán recibirme? ¿Serán algunos de mis detractores?; porque debo tener enemigos, no tanto, pueden ser contrarios a mis ideas o críticas. El hielo del silencio se rompió cuando el dueño de casa, esbozando una sonrisa franca y sincera lo invitó a pasar. Sueltos los alientos, una grata sensación prosperó en los ánimos y la cordialidad se apoderó de todos. El ilustre visitante también recompuso su leve tensión y aceptó. Era un verano violento, obligaba buscar espacios al aire libre, a tal punto que el lugar propicio para atenderlo resultaba ser el jardín. La tarde, parecida a aquellas que el poeta pintara con su canto en los suburbios del Buenos Aires de ayer, caía lentamente hacia el ocaso límpido. Los últimos rayos solares iluminaban las altas copas de los árboles que, reverdecidos proyectaban sombras caprichosas en el césped. Los búcaros con malvones y geranios asociados en cordones, mostraban avasallantes, un incendio rojizo y amarillo. Otras variedades de plantas y flores, postuladas eufóricas, le tributaban homenaje, con estallidos inusitados de pétalos multicolores. Con paciente admiración, Borges alabó el esplendor de tantas flores, con que armoniosamente se vestía la tarde y confesó: que el hecho de visitar sin invitación y sin que lo conocieran, era una vieja manía que abrigó siempre y que ahora, gracias al enigma de los designios, podía realizar. Fascinó con la claridad y el señorío de su verbo académico. Habló de los espejos que lo alucinaban en la infancia; de sus tigres con rayas lóbregas, cual zarpazos negligentes de la noche asiática. En su admiración esos tigres, magnificados en los sueños, simbolizaban fuerza, poder y la rotunda grandeza de la superioridad. Sus Ficciones y Otras Inquisiciones, amalgamadas por su vasta erudición, fueron el condimento de las sensaciones que vivieron. El Aleph los maravilló y con su Fervor de Buenos Aires graficó aquellos arrabales que antes fueron campo. Y que cuantas veces, por Chiclana o Balvanera pasearon sus alardes los guapos cuchilleros. Prometió seguir contando en otra visita, partes de sus obras. Cuando, amablemente le preguntaron en dónde vivía, respondió con su proverbial ironía, que no tenía domicilio fijo, que en todo caso, vivía en sus libros. La visita concluyó y antes de que el crepúsculo perezoso invadiera el jardín se despidió y se alejó con destino al edén de los inmortales. El señor Wilsson, después de su placentera siesta y de haber compartido gratísimo momento con tan ilustre visitante, despertó en su sillón y meditó: “Sólo los sueños pueden vencer los imposibles y mantener vivos aquellos muertos beneméritos que trascienden y pueblan el tiempo”.

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Si piensas como pobre, pobre será lo que piensas. Si piensas como rico, pese a ser pobre, el fruto será abundante.
PAGUS SANGÓ, de su libro: Ven Conmigo o los pensamientos
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido primo,por un brevísimo instante he percibido tu felicidad al transportar a un papel tus sentimientos,tu visión de la vida transcurrida. Lo tienes todo y no tienes nada, !! qué rico eres! has vivido, has reido, has llorado y ahora... otra oportunidad,la de entrar al feliz laberinto de las palabras y entonces, en un raro amanecer despertarás somnoliento desplegando las alas para el inevitable encuentro con los mágicos duendes de la dulce percepción de haber realizado tu sueño. Gracias, pequeño gigante.

Anónimo dijo...

Un hombre se volvio niño y alli encontro la poesia, descubio la verdadera escensia de la vida y nos la entrega con la generosidad de los grandes.
Los heroes no son los que hacen gala de su fuerza, sino aquellos que salvan vidas con solo un gesto o una palabra.
Ud amigo mio para mi es un HEROE y un gran HOMBRE.
SALUDOS DE MARIA DEL CARMEN