En una apretada síntesis, PAGUS SANGÓ, en este capitulo de su libro “Brevedades Comunes”, encara con toda tranquilidad en forma conciliadora, el espinoso tema de las religiones con sus creencias y del más laico de los laicos, dirían los contrarios, “las ovejas descarriadas” de la humanidad, el ateísmo. Cosa muy mal dicha. El derecho a elegir es de absoluta libertad del individuo. Son los exabruptos los que descalifican y como tales deben ser vistos y tenidos No se debe discriminar a nadie ni hacerlo objeto de menosprecios cuando el pensamiento es otro con relación a una idea. Estamos en un mundo plural y cada uno tiene su lugar por ser singular, como todas las cosas en la tierra. Donde está una cosa no puede estar otra, a no ser que esté por abajo o por encima. Fernando Gómez Chavero
En el caso de las religiones, los dogmas ortodoxos y en el ateísmo, maneras libres de pensar, la razón indica que son principios de las creencias que se deben respetar. Un ser humano no es cualquier cosa y si vamos a catalogarlo “cualquier cosa”, sería una cosa sería. Tan seria y formal como que es un ser humano. De modo que si volvemos a su punto de partida, el ser humano es persona, por lo cual se diferencia de todos los demás animales. Es único entre todas las especies, tal son cada una de las demás criaturas sobre la tierra. Entonces por qué no respetar al único ser que piensa, y que frente a sus divisiones está el derecho libre y propio de cada individuo. Las religiones aglutinan sus creencias para que la fe tenga su campo de acción. Si las religiones tienen sus hitos, imágenes o símbolos, los tienen por una necesidad básica: apoyar la fe y desde ahí el retorno de la misma al remitente. Si no los tuvieran, no volvería la fe con su respuesta, se perdería en la distancia y el vacío. Son los medios con que cuentan y de ahí es libre el pensar si fue el hito, la imagen, el símbolo, o uno mismo quien o quienes han respondido a su creencia. Por naturaleza el ser humano pide y pide, y por lo general le pide a su Dios, y eso debe ser respetado como derecho propio de cada uno. En su religión ha encontrado, a través de sus creencias, guía para vivir mejor con los pies sobre la tierra. Y no hay por qué perseguirlo y hasta matarlo por no pensar como el contrario. Entre todos los grupos o más allá o más acá, están quienes no creen en nada, sin preguntarse siquiera, por qué existen. También merecen todo el respeto del mundo. Tal vez sea la falta de retorno de la fe que se diluye en el vacío sideral. Al no tener respuesta, no creen en nada ni en nadie. Hay quienes lo hacen únicamente apoyando su fe en Dios, los nósticos, por ejemplo, y tienen su retorno. Los ateos no creen en la existencia de Dios, creen en si mismo, nadie puede vivir sin creencias, y del sí mismo reciben el retorno. Tal actitud, o de ser como son, no debe desmerecerle en nada a los demás. Con cultura o no, con sabiduría o no, con razón o sin razón son seres humanos, son hermanos de la misma especie, y están dentro de la libertad de escoger sus creencias y su fe como más plazca. Somos una especie pluralista hecha por singulares y entre ella están las diferencias y las preferencias, singulares y plurales. Cuando esto se comprenda y se respete como cosa sagrada de la persona, cesarán las persecuciones, las guerras santas y no santas, y habrá más paz en las almas.
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PAGUS SANGÓ. Libro: "Brevedades Comunes"


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