Todos los hombres son iguales de carne y huesos. Lo que lo diferencia es: la posición social, la cultura, el talento, la salud, los bienes y el dinero. El ser pobre no es delito, es una situación económica. Los bienes y el dinero, otorgan poder y privilegios, y crean las elites. La pobreza crea el pauperismo y es difícil su abandono; y es menos posible, que un rico se vuelva pobre. La razón impera en todos, es la verdad de que cada cosa sea como debe ser y se llame por su nombre. Las elites están por lo alto y el pauperismo por debajo. Por supuesto esto trae, en las partes, una carga de antagonismo. Ante las reacciones contrarias, los poderosos hacen valer su fuerza, es la primera y suprema medida en contra de los propósitos que otros usen o tengan. Los poderosos no se interesan mucho por la razón, simpatizan más con la fuerza que es su medio de coacción y seguridad; es el factor que los hace parecidos. La parte alta no quiere convivir con la baja, aunque ésta sea su sustentación, la baja quierfe convivir por considerar que todos somos humanos.
Todas esta palabras mías, Pagus Sangó, en su libro “Ven Conmigo o los pensamientos, las resume en un pensamiento breve.
Fernando Gómez Chavero
“Todos los hombres poderosos se parecen, aman la fuerza y desdeñan la razón.”
Pagus Sangó . Libro: “Ven Conmigo” o los pensamientos



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