PAGUS SANGÓ afirma en este soneto que la trascendencia de los artistas, va más allá de los límites de sus vidas. Y admite que el amor puesto en lo que hacen es una llama perdurable que alumbrará en el porvenir. En la próxima estrofa se envalentona un poco, pero baja la tensión, por comprender que la vida y el mundo tienen poderes sobrehumanos. Luego, en el primer terceto reconoce que son parte inseparable, principio y fin del edén terrenal que han forjado, donde en manos del tiempo, también, los espera la mortaja. Y en el terceto final, insinúa que los despojos mortales van a la tierra a ser piso; no obstante, dejan para siempre, marcas y jalones en los recuerdos, en donde el olvido no arrojará su manto.
Fernando Gómez Chavero
De: “EL LIBRO DEL TIEMPO”
LOS ARTISTAS
No seremos olvido mientras viva
La llama del amor de lo que hacemos,
La que queda, cual lámpara votiva,
Alumbrando lo que ya no veremos.
Ni a la vida ni al mundo les tememos,
Pese a que fuerzas son, evolutivas,
Las que por ser grandes no entendemos,
O por ser nuestras almas sus cautivas.
Somos principio y fin de un paraíso
Y también colofón de una mortaja;
Somos tiempo y el tiempo nos ultraja
Hasta el punto terreno de ser piso,
No obstante, somos hacedores cuerdos
De grandes legaciones de recuerdos.
lunes, 29 de marzo de 2010
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