Aconcagua

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viernes, 12 de marzo de 2010

UN POCO MÁS...

PAGUS SANGÓ, pone a consideración un poco más de: VEN CONMIGO, o los pensamientos. Se caracteriza por exponer una sencilla y llana filosofía de la vida que sin pretensiones de ser clásica, mejor diría es popular, va dirigida a la gente de estrato social común, porque es del vivir diario. Lo importante de su quehacer es advertir, aconsejar y dar opiniones diversas, que tienden a ser verdades minuciosas, fácil de interpretar y aplicar, tal vez, en un mundo tan distendido por la vorágine atroz de la evolución constante de la humanidad con sus cosas y apremios.

Fernando Gómez Chavero




Hay secretos en la vida que no se confían ni a la madre, ni al padre, ni a un hermano; ni al mejor amigo, porque son exclusivamente del alma.

En mi biblioteca viven grandes amigos en el mayor silencio, atentos a secundarme cuando los necesito.

Los verdaderos amigos tienen una regla de oro: estar en las buenas y en las malas.

La sangre siempre está solícita para cicatrizar las heridas, como los buenos amigos que restañan las heridas del alma.

Un amigo sincero es como un hermano noble, reprocha nuestros desaciertos con la autoridad de la sangre y aconseja lo mejor en el momento oportuno.

Perder un amigo por enojos, a veces, según las mujeres, duele más que un parto.

Por naturaleza somos defectuosos, entonces no pretendamos encontrar amigos perfectos.

Si no confiara mis secretos a mi amigo del alma, me sentiría indigno, falto de sinceridad y desleal.

Seleccionar un amigo no es tarea fácil y es tanto o más difícil, si debes deshacerte de él.

Un amigo es aquel que está a tu lado presto para ayudarte, no para pedirte. La reciprocidad debe ser solidaria.

¿Cómo puede prometer un político en su campaña electoral, si no sabe la herencia que recibirá? Más le valdría hablar de amor al prójimo, de no robar, de no matar etc., y sería un ciudadano querido y no necesitaría guardaespaldas cuando se mezcle con su pueblo.

La gente cree, por todo lo que prometen los políticos antes de ser electos, que habrá pan para todos, sin advertir que el que multiplicó los panes no era político y además sucedió hace más de 2000 años.

Los juramentos tomados a los políticos electos, suenan más a ironías que a formales compromisos con la moral.

Las excusas para justificar lo prometido no hecho, abundan en las bocas de los funcionarios políticos.

Si el político no tiene la mística del mando y la inteligencia de la conducción, de nada le valdrá a la Patria, que sea gobernador o presidente.

En el mar de la política las promesas son cantos de sirenas. Si Ulises existiera les diría a los votantes, que en el cuarto oscuro no se dejen engañar.

El político vocacional puede llegar a ser de carrera, tal vez estadista, capaz de gobernar un país, pero “golondrina sola no hace verano.”

Los políticos antes de llegar al poder saben poco o nada, después de llegar no saben bien qué hacer y cuando se van, no habrán aprendido mucho, pero se aseguran la vejez.


El dinero interesa porque con él se compran cosas, pero así desaparece. En cambio si se pone a interés el capital se mantiene a costa de generar más dinero para que luego ese más desaparezca.

El dinero es un parásito que vive pegado al alma, vagabundea en los bolsillos y se escapa de las manos cuando lo quieren capturar.

Si le diéramos el valor real al dinero, las ambiciones serían moderadas y los pobres avaros serían buenos ricos.

Si la equidad fuera una religión en la humanidad, tal vez la gente comería lo necesario, sin discriminación de clases ni de condiciones económicas.

Entre todos los inventos, el hombre ha inventado uno que lo domina a su antojo: el dinero.


En bolsillo roto no dura el dinero.

Se agudiza el ingenio para vivir cuando el dinero escasea en el bolsillo.

Las cosas que se tienen o adquieren, primero fueron soñadas y luego pensadas.

El rico no quiere ser pobre y el pobre quiere ser rico. Se plantea una cuestión de querer: Puede no haber ricos, pero pobres no pueden faltar.

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