Pagus Sangó, tal vez por ese afán de cantar para otros y no tanto para él, interpreta en esta poesía el sentir de una niña trasformada por el tiempo en mujer madura, y lo hace describiendo detalles que al correr de los años se van arraigando en la nostalgia, convirtiéndose en fuertes pilares del recuerdo. Esa mujer pudo ser su esposa, una novia de juventud, o simplemente una amiga. El regreso o vuelta al lugar de su casa paterna, pareciera después de mucha ausencia, se da con el asombro en los ojos por el cambio edilicio que ha sufrido la calle del recuerdo.¿Quién no tiene latente el recuerdo de la casa paterna? Se resiste a comprender que el rigor del progreso sea tan impiadoso con el demoledor avance de la realidad y no contemple lo que guarda indeleble la memoria. Es así la indiferencia del tiempo y de los cambios. Nadie escapa de esos nuevos designios. Guardar en la memoria los tesoros de la vida, las vivencias desde niño y los más gloriosos pasos dados en la juventud, es venturoso y brinda al alma la dicha de poder contarlos.
Fernando Gómez Chavero
LA CALLE DEL RECUERDO
Esta es la calle
De mi niñez.
A media cuadra
Estaba, por ahí,
La casa de mis padres.
Todo está cambiado, desconocido.
Mi mente la concibe
Cual era entonces.
La puerta hacia la calle de madera labrada,
De fino roble
Con herrajes de bronce, dividida en dos hojas.
Una, con boca de buzón al medio,
La otra,
Con aldaba a martillo hacia un costado.
Mis sueños
Vagaban por la casa con cándida elocuencia,
Y entre flores mis ilusiones
Acudían solemnes a halagarme.
Era una niña,
Crecí sin darme cuenta;
Con los brazos en alto
En puntilla de pie
Tocaba los dinteles
Y las puertas ya no me parecían
Enormes.
Por el buzón un día
Entro una carta rosa,
Y después, la aldaba llamó en la puerta
Dos veces.
La taquicardia
Estremeció mi corazón
Y el amor (aromado de azahares)
Con llama azul
Abrasó mis entrañas.
Abandoné
El nido y el destino
Me llevó lejos.
……………………………….
La historia es larga
Y en honor a la brevedad,
Casi en el ocaso de mi existencia,
Vuelvo a la calle de mi edad temprana,
No queda nada, sólo el nombre.
Pagus Sangó Libro: “El Rapsoda”


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