
MILONGA A ANIBAL TROILO
ANIBAL TROILO (pichuco) No sé si el tango consagró a Troilo o Troilo consagró al tango. Más bien, ambos se consagraron en una simbiosis que les confirió una sola identidad: tango-Troilo, Troilo tango; como si fueran dos almas gemelas, una de cada lado del fuelle. Sus manos se movían, y el aire succionabas sus dedos que se dejaban atraer como por un encantamiento. Su talento lo llevó a escudriñar en los anales históricos de viejos pioneros del tango, sin imitarlos; Ciriaco Ortíz, Laurenz, Arolas, Maffia, Bardi y otros tantos, de los cuales extrajo el enigma profundo de sus místicas y conformó un estilo inconfundible, propio; sellándolo con su identidad. Bebió en el numen de esos grandes y nacieron en el ronco bandoneón los acordes y las cadencias de las musas populares, y creó sus tangos inconfundibles, identificados al sonar las primeras notas.
El gran poeta Julián Centella lo bautizó “Bandoneón Mayor de Buenos Aires” y sus admiradores que lo idolatraban, simplemente lo llamaban, “Pichuco”.
Escuchar su música es una contemplación sublime que corre por las venas y se goza cual ventura personal íntima. Su música se hace propia en cada ciudadano y se lleva en el alma cual estandarte del arrabal porteño.
PAGUS SANGÓ, lo conoció en vida y lo disfrutó musicalmente, y sabe bien que su grandeza artística estribaba en su inspiración y técnica rigurosa, en su sensibilidad hecha tango, que tanto comprendió Homero Manzi.
En su Milonga a Aníbal Troilo, no cuenta ni su vida privada ni su historial artístico. Toca al hombre que consagró sus días y sus noches a la música ciudadana con un bandoneón para el recuerdo. Cuenta lo que es el hombre cuando su vocación, temple y talento, todo hecho un solo contexto, encara una misión que le depara el destino, un bello destino para gloria del tango. Con el alma en los dedos sobre el marfil del teclado transmitía sus sensaciones, con voces tan líricas y sublimes como nadie otro ha podido hacerlo.
Fernando Gómez Chavero
MILONGA A ANIBAL TROILO
Las alondras de los sones
Y los duendes trasnochados
Se han quedado en el teclado
De su fuelle, adormecidos,
Porque Troilo, consagrado,
En el cielo está dormido.
El alma puesta en sus dedos
Sobre el marfil desgastado
Explayaba lo soñado
En un patio con glicinas
O en un salón atestado
Del Colón en la Argentina
En la luna y en los charcos
Encontraba las cadencias,
Los acordes de la ausencia
Que su musa le traía
En un vuelo sin distancia
Para su tango,” María”.
Sur, Garúa y otros tantos
Hicieron y hacen vibrar,
Con sensación de volar,
Las cuerdas del corazón.
La emoción del suspirar
Vive en su bandoneón.
Fiorentino y Goyeneche,
Raúl Berón y Rivero,
Sin olvidar los primeros
Y otros ídolos muy diestros
Del acervo cancionero,
Adornaron al maestro.
Ellos también aportaron
La belleza de sus voces
Que fue placer de los dioses,
Y, que hoy sigue y se traspone
Con la magia de su goce
En miles de corazones.
El tango encontró en “Pichuco”
El embrujo de sus notas
Y elixires, gota a gota
De la estirpe de una raza
Con ritmo de gracia ignota
Que cuando baila se abraza.
Al ritmo de los compases
De Responso y de Don Juan
Del Choclo de M. Catán,
De Discépolo y Villoldo
Siempre en el alma estarán
Atisbando los rescoldos.
Cuando modula su fuelle
Y se duerme en el teclado
Queda el oyente extasiado
Deleitando las cadencias,
Propio secreto guardado
Del genio de su elocuencia.
¡Gracias, Troilo, por el arte!
De su talento en los dedos,
Por hacer tan grande el ruedo
De la música Argentina
Que surca el orbe sin miedos
Volando cual golondrina.
La nostalgia que hoy persiste
Grabada en el subconsciente
Es un lamento presente
Que nos legara su mito,
Cala profunda y se siente
Con sensación de infinito.
Mientras exista un bandoneón,
Notas graves sensibleras
Que le lleguen a cualquiera,
Será su nombre estandarte
De la música tanguera
Y un alto exponente su arte.
………………………………….
“Si nunca se fue del barrio”
De qué Troilo estoy hablando.
Con su gloria esta soñando
Mi pobre alma pensativa,
Debe ser que está tocando
La Cumparsita allá arriba.
Y se fue nomas un día
Muy triste para el recuerdo.
En las brumas ya me pierdo
Que vienen del Riachuelo;
Dios lo tenga en sus acuerdos
por tanto amor y desvelos.
Troilo, fuiste un personaje
de la noche, tierno y diestro
y serás siempre el maestro
de los maestros porteños,
que están admirando tu estro
mientras velan por tu sueño.
Pagus Sangó. Libro: "Versificación Popular"


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