Los hermanos Juan y Oscár, empezaron juntos esta gloriosa lucha, que en en principio tenía viso de aventura, porque lo hicieron a escondidas del padre,circunscriptos al saber de algunos pocos amigos de los "fierros".Esto fue el principio sin imaginar que llegarían a ser grandes exponentes del automovilismo en las pujas de turismo de carretera, en boga en esos tiempos para la epopeya. Cuando ya habían ganados muchos grandes premios y que realmente ya estaban consagrados, decidieron abrirse de común acuerdo, y actuar por cuenta propia cada uno, siguiendo la misma marca de auto e interviniendo en las mismas competencias, sin ser hermanos enemigos, aunque si rivales en las rutas,.Mantuvieron en primer lugar el respeto y el parentesco de gente bien nacida. Los Gálvez fueron estrellas brillantes, grandes campeones de raza, líderes para las multitudes, las que crearon antagonismo entre las marcas de autos Ford y Chevrolet, cuyo principal protagonista de este último era Juan Manuel Fangio.Y así se hizo la historia de las carreras, las llamadas Turismo de Carretera. .Memorable es todo lo que hicieron y dejaron para gloria del deporte automovilistico nacional.Todo tiene su tiempo y apogeo. PÁGUS SANGÓ, a través de su poesía, en su libro: "Versificación Popular" plasma un acertado homenaje con esta milonga dedicada a esos dos grandes maestros que vivirán en la memoria de los aficionados a este deporte y también de los pueblos que los vieron pasar en carreras memorables, siempre exponiendo sacrificios, oficio, y bien merecidos triunfos.Gracias, hermanos Gálvez por tanto que nos dejaron.Vivirán para siempre en el corazón del pueblo agradecido.
Fernando Gómez Chavero


Según los recuerdos cuentan,
M Memorando tiempos viejos,Si el pasado es un espejo
Estas cosas no se inventan.
.
Un Ford “T” fue el primer coche,
Con sus ahorros comprado,
A conciencia preparado
Trabajando día y noche.
En mil nueve treinta y cinco
Después de Raúl Riganti[1]
Los pescaron infraganti
Los amigos con ahínco.
Más o menos a escondidas
Hacían un buen trabajo
En un Ford que ganas trajo
De estar en una partida.
Y largaron la carrera
Buenos Aires- Santa Fe
Por un vuelco, creo fue,
Se quedaron a la vera.
No sin antes demostrar
Que eran buenos candidatos,
Un sexto puesto fue el dato
En una etapa al llegar.
Después, dispuestos como antes
Un Gran Premio fue la veta,
Y salieron a la meta
Los dos noveles volantes.
Oscar y Juan, anduvieron
Entre los grandes tallando,
Terreno fueron ganando
Y al final sus nombres vieron
En la lista de llegada,
Casi al tope la bandera;
Muestra cierta y verdadera
Cuando la suerte está echada.
Los dos hermanos loables
Ganaron carreras, juntos
No sé si por tiempo o puntos
Pero fueron memorables.
Grandes Premios en acopio
Uno tras otro ganaron,
A la cúspide llegaron
Merced al esfuerzo propio.
Cuando dos en un asiento
No caben y no hay reyerta
Salen por la misma puerta,
Satisfechos y contentos
Por voluntad del destino
Se abrieron sin diferencias.
En uso de la experiencia
Siguieron igual camino.
Cada carrera fue un reto,
Fueron rivales en rutas
Y en deportivas disputas
Lo primero fue el respeto.
Los dos fueron campeones,
Eximios volantes natos,
Reyes de campeonatos
En diversas ocasiones.
En la jerga deportiva
Oscár era el “Aguilucho”
Por los pagos de Ayacucho
Volando, decían, que iba.
Juan Gálvez, era “Juancito”,
Un introvertido y serio
Encontró su cementerio.
Por un suceso inaudito.
Volcó en una curva “ese”
Por algo que no me cierra
Un montículo de tierra
Fue la causa, así parece.
Golpeó mal su cabeza
En el techo, vertical
Se rompió la cervical
Y fue de la muerte presa.
Según versiones muy ciertas
El cinturón no lo usaba.
Fue arrojado como estaba
Cuando se le abrió la puerta
.
Muchos lloraron su vuelo,
Para el deporte fue luto.
Pena y dolor absoluto
Desde la tierra hacia el cielo.
Un día que ya es de antaño
Se retiró el “Aguilucho”,
Sus laureles fueron muchos,
No los marchitan los años .
Todavía están vigentes.
Hay en la ciudad porteña
Un autódromo de seña
Que es de su nombre exponente.
.
Es un presente ,un baluarte,
homenaje a su memoria.
Así se escribe la historia
de quien fuera un estandarte.
Calló enfermo cierto día,
no tengo otra referencia
sé que fue de su existencia
el final de su agonía.
Cuando la noticia vino
Diciendo que había muerto,
De la ciudad al desierto
Hubo puna en los caminos.
.
El día muy triste estaba.
¡Siempre será recordado!
El corazón desolado
De Buenos Aires lloraba.
Y fue grande el desconsuelo
Y lamentos hubo muchos;
Dijo: ¡adiós! el Aguilucho
Y en su cupé se fue al cielo.
Pagus Sangó, libro: “Versificación Popular”

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