Aconcagua

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miércoles, 13 de enero de 2010

MILONGA A JUAN MANUEL FANGIO

JUAN  MANUEL FANGIO, Quintuple Campeón Mundial de Fórmula Uno, figura consagrada  en todos los escenarios deportivos continentales, grabó para siempre su nombre y el nombre de Argentina, su país natal.Fue símbolo de la humildad, respetuoso y amigo universal.Fue el más grande y lo es hasta la fecha y nunca dijo que él lo fuera.Dejó una  riquísima historia del automovilismo nacional y mundial, y en cuanto a su persona, siempre fue el Juan Manuel Fangio  provinciano de Balcarce. Se retiró de las lides deportivas sin hacer ruido y se dedicó a trabajar como cualquier hombre común en su tierra, cual fuera un ciudadano más.
Vivió hasta los 84 años y se llevó a la tumba y al cielo, algo que él bien sabía que valía más que los autos, los títulos y la riqueza; el cariño y el recuerdo inolvidable de su gente, de su pueblo y del mundo.Recibió merecidos honores y reconocimientos a su grandiosa labor deportiva que marca un hito,un ícono para las nuevas generaciones del quehacer automovilistico, en todos los aspectos. Sabrá Dios venerarlo, porque era hombre de buena fe, digno de alabanzas, aplausos y abrazos. PAGUS SANGÓ, le rinde un homenaje con esta versificación laudatoria donde describe la trayectoria de toda su vida dedicada al deporte y al trabajo responsable y silencioso. No faltará quién diga: SAN FANGIO
                                                                                                 Fernando Gómez Chavero


Dicen, que hombre muy tranquilo
Era Juan Manuel, (el Grande)
Sabía sacarle filo
Al motor puesto en ablande.

Debía medirlo justo
Porque si en algo fallaba,
Podía ser un disgusto
Y la suerte no tallaba.

Empezó bien, desde abajo,
Hierros, tuercas y chavetas,
Jamás le aflojó al trabajo,
Esa fue su clara meta.

Corrió con auto prestado
Por caminos polvorientos,
Cuántas veces, embalado
Lo sorprendieron los vientos,

Las lluvias y barrizales
Y no encontró la bandera.
Solía decir: y..,hay males...
“Las carreras son carreras”.

En su taller de Balcarce,
Ingenioso probo y cauto,
Preparó, sin ufanarse,
A conciencia, su propio auto.
Y empezó a ganar carreras
A fuerza de sacrificios,
A ser “as” de carreteras
Le ayudó mucho su oficio.

En década del cuarenta
Y tras de sufrir apremios,
Logró, con sobradas mentas,
Ganar feliz, un “Gran Premio”.

El más preciado trofeo
Era aquel de la República,
Vio cumplidos sus deseos
Y la alegría fue pública.

Este peldaño a la fama
Se repitió en la escalera.
Cierto es que la suerte llama
Cuando hay sol de primavera.

Después, vinieron los “gringos”
Con ejemplares muy bellos,
Él desempolvó su “pingo”
Y se entreveró con ellos.

A poco andar les dio caza
En los bosques de Palermo.
A lo maestro de raza
Les ganó y los dejó enfermos.

Hacia las pistas de Europa
Se fue, poniéndole el pecho,
Si allí ganaba una copa
Se daba por satisfecho.

Por un año voy, pensaba,
Después pegaré la vuelta.
Balcarce ya lo esperaba
Con su afecto a riendas sueltas.

Tras un triunfo siquiera iba,
Con su humildad Balcarceña,
En su cuenta progresiva
Dejó al mundo haciendo señas.

Ganar entonces carreras
Significaba talento,
“muñecas”, sangre guerrera
Y fibra ciento por ciento.

Largaba en primera fila,
Muchas veces lo pasaron.
Cargaba pronto sus pilas
Y aquellos que rebasaron

Fueron quedando en receso
O desertaban al cabo.
En ese duro proceso
Eran “coleros” o rabo.

Superando propias marcas
Con un andar firme y sólido,
Poniendo en riesgo su “barca”
Avanzaba cual un bólido.

Llegar primero a la raya
De una larga competencia
Había que esquivar vallas
Y factores en potencia.

El también pasó las suyas,
No todo fue primavera.
Decía, son viejas pullas:
“Las carreras son carreras”.

¡Cuántas veces fue primero!
Y tantas otras, segundo.
Lo importante fue el esmero
para ser campeón del mundo.

¡Cuántas veces de alegría!
Temblaron los corazones
Al ver que Fangio subía
Al podio con sus blasones.

Cada vez que a lo más alto
Nuestra bandera ascendía
Y el himno hacía el contralto,
El llanto nos invadía.

Diez años abriendo brechas
Con autos fórmula uno.
Le indicaba su cosecha,
Que el retiro era oportuno.

Y cinco campeonatos
Del mundo, fue su trofeo.
Un día, sin aparato,
Le dijo, adiós al rodeo.

Sus largos años de vida
Fueron despreocupados.
Vivió en su tierra querida
Entre sus seres amados.

La Argentina era su pista,
Buscó en ella hacer aportes,
Fijó en su tierra la vista
Y el trabajo fue su norte.

Levantó sólidos “fuertes”
Sin alarde y con donaire.
Así lo hizo hasta su muerte:
Nació y murió en Buenos Aires.

Un museo rutilante
En Balcarce brilla al frente.
Recibiendo al visitante
Su espíritu está presente

Y un circuito en los entornos
De cerrillos y de llanos
Se extiende, cual un adorno
Del paisaje soberano.

Estas dos obras nacieron
Perdurables, merecidas.
Con ahínco las hicieron
En su homenaje y fue en vida.

Le rindió con entereza
El pueblo tributo doble.
Si enorme fue su destreza,
Más grande, fue su alma noble.
                                                                                                Pagus Sangó
                                                                                   Libro: "Versificación Popular"

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